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Dos piezas del Reino Medio
halladas en el patio de Djehuty
José Miguel Serrano Delgado
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la última campaña del Proyecto Djehuty,
correspondiente al 2007, se llevaron a cabo varias catas
por debajo del nivel del suelo original del patio de
la tumba de Djehuty. El objetivo principal era aclarar
la historia de este espacio de nuestro yacimiento, con
especial atención a las fases previas a la construcción
de la tumba de Djehuty. El trabajo de excavación
proporcionó algunos hallazgos de interés,
entre los que merece la pena señalar un enterramiento
en ataúd, aparentemente intacto, del Reino Medio
y un gran plato cerámico toscamente decorado,
que es la pieza que pretendemos poner en valor con este
estudio. |
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| La pieza
en cuestión es una bandeja de barro cocido, de
color rojizo y forma ovalada, en un estado de conservación
bastante bueno y prácticamente completa. Todo
su perímetro está recorrido por un borde
considerablemente elevado, excepto un punto en el que
esta cortado, con el evidente propósito de facilitar
el desagüe y la salida de líquidos que debían
verterse ritualmente sobre ella. En el fondo de la bandeja
o plato se reproducen de forma muy sencilla y esquemática
algunas ofrendas y, encuadrándolas, un surco
modelado, sencilla canalización que conduce al
desagüe antes citado. |
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Esta claro que nos encontramos ante un hallazgo de modesta
entidad, reflejo de prácticas funerarias y enterramientos
humildes. Sin embargo, ofrece un singular valor histórico,
valor que se acrecienta si se pone en relación
con otro objeto similar que también apareció
en el patio de la TT 11, pero esta vez en la Campaña
del 2006, por encima del nivel del suelo, lo que, dado
el complejo revuelto de materiales y de épocas
que ha ofrecido el relleno que colmataba el patio de
Djehuty, no es un dato que sirva para extraer conclusiones
cronológicas concluyentes. Se trata de nuevo
de una pieza de barro cocido, pero desgraciadamente
esta vez sólo un fragmento de lo que debió
ser un modelo o maqueta, que en principio se entendió
que representaba una casa, un edificio o, quizás
mejor, un tipo de habitación con patio.
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Las dos piezas, pese a sus diferencias morfológicas
y a las circunstancias distintas de su hallazgo, han
de encuadrarse en una única categoría
de objetos rituales funerarios, de un mismo espectro
cronológico, a las que impropiamente dio en llamarse
-y siguen llamándose aun hoy día de forma
habitual en la literatura científica egiptológica-
“casas del alma” (“soul-house”,
“Seelenhaus”, “maison d´ame”,
etc.). Conocidas desde el siglo XIX, su estudio e interpretación
avanzó mucho gracias a las excavaciones de Petrie,
en particular el espectacular hallazgo de cientos de
estas piezas, fundamentalmente maquetas o modelos de
edificio, en el cementerio de Rifeh, al sur de Assiut.
El egiptólogo inglés dejó bien
afianzada la hipótesis que hace derivar estas
piezas de las mesas de ofrendas en piedra del Reino
Antiguo y Medio, aunque vaciló más a la
hora de interpretar el significado de las maquetas en
barro, cuestión sobre la que volveremos mas adelante.
Sorprendentemente, se trata de un tema que no ha recibido
la adecuada atención por parte de los especialistas,
con el resultado de que no ha habido estudios monográficos
de una cierta entidad de estos objetos hasta un momento
relativamente reciente, y ello gracias a los trabajos
de A. Niwinski, que marcan el estado actual de nuestro
conocimientos, y cuyas publicaciones nos sirven de referencia
fundamental para lo que sigue.
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| Según
Niwinsky, dentro de este conjunto de piezas hay que
distinguir tres categorías diferentes: |
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1) Platos o bandejas de ofrendas propiamente dichas,
que originalmente son auténticos sustitutos
de las mesas de ofrendas en piedra cuadrangulares,
aunque pronto adquieren su típica forma redondeada
u ovalada, mas apropiada al barro o arcilla de que
están hechas. Lo más destacado es la
frecuente representación de las ofrendas en
el fondo plano del plato: panes de varios tipos, vasijas
para agua, y trozos de la víctima sacrificial
típica, el bóvido, preferentemente la
cabeza o la pata de dicho animal.
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2) Platos o bandejas de ofrenda que incorporan un
modelo de nicho o capilla, que veces cobija un sitial
o trono. Este último elemento se sitúa
en el extremo de la bandeja opuesto al desagüe
o vierteaguas; la forma de estas piezas supone un
desarrollo de la primera categoría reseñada:
a la representación de las ofrendas se añade
ahora el lugar donde se supone que el difunto acude
a aprovecharse de ellas (se trata, en realidad, de
la capilla funeraria).
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3) La tercera categoría,
la más conocida y famosa, la constituyen las
“Casas del alma” en sentido estricto, ya
que aquí se sitúan los modelos en barro
de edificios, a veces con un minucioso y realista tratamiento
de los detalles, como pórticos, escaleras, puertas
y ventanas, mobiliario del patio o jardín, etc.
Aparentemente, lo que en principio se suponen representaciones
de edificios funerarios acaban siendo sustituidas por
modelos muy desarrollados de casas, de las viviendas
habituales. |
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El hallazgo de este tipo de materiales tiene, por
otra parte, un ámbito geográfico relativamente
restringido: se distribuyen por el centro y el sur
del valle del Nilo, especialmente en el Alto Egipto,
con importantes concentraciones en Armant, Edfu, Denderah,
Tebas (Qurnah), Ballas, El-Kab, o Rifeh. En cada uno
de estos lugares son muy marcadas las tradiciones
locales, generándose talleres diferenciados
tanto por la forma de las piezas, los detalles decorativos,
el acabado final, etc.
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Veamos a continuación cómo se ajustan
a este panorama las dos piezas del patio de Djehuty.
En cuanto al plato o bandeja de ofrendas, ha de integrarse
y estudiarse dentro del nutrido conjunto procedente
de Qurnah. Excavadas y publicadas en su mayoría
por Petrie, las bandejas de ofrenda del West Bank presentan
una forma predominantemente ovalada, en ocasiones ligeramente
cortadas en el punto de desague, en el que aparecen
moldeados normalmente dos canales de evacuación
de líquidos, aprovechando la interrupción
del reborde que forma el perímetro del plato.
A este modelo se ajusta bastante bien nuestra pieza.
Su originalidad, sin embargo, radica en la decoración
del fondo. Tanto Petrie como más recientemente
Niwinsky han señalado que las bandejas de Qurnah
presentan una “casi total ausencia de ofrendas
representadas”, y apuntan que se trata de un rasgo
de difícil explicación; la mayoría
de las piezas encontradas tienen una decoración
de aspecto geométrico, a base de cruces, bucles
y entrelazados moldeados con los surcos y canalillos
de desague.
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Por el contrario, la bandeja del patio de la TT 11 incorpora
con claridad la pata de bóvido (khepesh), que
como sabemos es la pieza más apreciada en las
ofrendas funerarias, así como varios modelos
de panes o pastelillos, muy esquemáticos, además
de dos receptáculos para líquidos que
tienen aspecto circular, como de un botón, y
que se sitúan, como es común en estas
piezas, flanqueando los canales de desagüe. Aunque
Niwinsky, en una breve nota sin referencia alguna, afirma
conocer bandejas o platos procedentes de Qurnah donde
las ofrendas aparecen representadas, no hemos visto
publicada ninguna y nuestro ejemplar es quizás
el primero que puede documentarse correctamente. Es
posible que esta peculiaridad esté reflejando
influencias artísticas de otras zonas próximas,
de talleres cercanos pero de estilo distinto, como Armant
o El-Kab, hacia el sur, o Denderah, por el norte, donde
con facilidad se encuentran paralelos formales de la
bandeja de ofrendas del exterior de la TT 11.
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| Con
respecto a la otra pieza, es una lástima que,
como dijimos, no nos haya llegado completa, pues posiblemente
su interés sea aún mayor que la que acabamos
de presentar. No se trata ni de una bandeja de ofrendas
simplemente, ni tampoco podemos catalogarla propiamente
como una “casa del alma”. Originalmente
debió tener forma cuadrangular, quizás
con un extremo saliente en el lugar de evacuación
de aguas. Afortunadamente aún se conserva el
punto en el que estaba dicho desague, en el que se adivinan
cuatro canales modelados en el barro. Frente a él,
en el extremo contrario, bastante dañado, quedan
los restos de lo que posiblemente querría representar
una pequeña capilla o nicho, que incluso podría
quizás haber contenido un sitial o trono toscamente
moldeado. En la parte que figura el patio o espacio
abierto, rodeado por el típico reborde que corre
a lo largo de todo el perímetro de la pieza,
aparecen representadas de nuevo las ofrendas, la pata
de buey, panes, etc. Además, y esto si que resulta
francamente una novedad, aparece con claridad silueteada
una mesa de ofrendas, y justo en el sitio adecuado,
frente al nicho o capilla. Como vemos, se trata de una
pieza que encaja perfectamente en la segunda de las
tres categorías en las que agrupaba Niwinsky
este tipo de objetos: piezas a mitad de camino entre
la bandeja de ofrendas, cuya función de alguna
forma la asume el espacio que aquí representa
el patio a cielo abierto, y los modelos de edificio
-funerarios en principio, finalmente reproducciones
de habitación- que son las “casas del alma”. |
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Especialmente rara es la inclusión de la imagen
de una mesa de ofrendas, fenómeno del que apenas
pueden encontrarse paralelos. Tan sólo podrían
entresacarse, de los cientos de objetos revisados,
una pieza de Leiden y quizás otra en Londres
(en la colección Petrie del University College),
que además presentan -la de Leiden al menos-
una tipología diferente, con la mesa de ofrendas
de forma redondeada y en lo alto de un pie o pedestal
frente a la capilla. En nuestro objeto la mesa de
ofrendas aparece con la forma tradicional que evoca
la función última de estas piezas (ya
sean bandejas o maquetas) y su origen, derivado de
las mesas de ofrendas en piedra del Reino Antiguo
y Medio. También hay que resaltar que, por
lo que podemos conocer, esta pieza es única
dentro del conjunto de Qurnah o del West Bank, marcando
una distancia con respecto a los talleres locales
de la necrópolis tebana, tanto por su forma
cuadrangular, por el diseño con capilla-nicho
y mesa de ofrendas, como, por supuesto, por presentar
de nuevo como en la primera pieza que estudiamos las
ofrendas explícitamente moldeadas. Puede que
en estas peculiaridades estén de nuevo presentes
influencias estilísticas de otros talleres
próximos del Alto Egipto, como El-Kab o Denderah,
donde encontramos piezas con cierta similitud.
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En cuanto a la datación de
este tipo de objetos, hay que situarlas en un contexto
cronológico general de Reino Medio, aunque ha
habido divergencias entre los estudiosos a la hora de
intentar precisar más. Algunos las remontan hasta
el final del Reino Antiguo (Dinastía VI) y Primer
Período Intermedio; otros las sitúan preferentemente
entre las dinastías IX-XI, prolongándose
hasta la XII. En general, estas propuestas de datación
son deudoras en gran medida de las conclusiones que
Petrie extrajo del soberbio conjunto de hallazgos en
Rifeh, que fechaba mayoritariamente entre las dinastías
X-XI, aunque el científico británico matizó
en cierta medida esta valoración en publicaciones
posteriores. Recientemente este problema ha sido sometido
a revisión, de nuevo, por Niwinsky. Para el polaco
es difícil sostener que las primeras bandejas
de ofrendas (luego, “casas del alma”) fueran
anteriores a los reinados de Amenemhat I y Sesostris
I, y entiende que la producción de estas piezas
se centra exclusivamente en la Dinastía XII,
fuera de la cual no se ha podido datar ninguna de ellas.
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| La relevancia de esta
propuesta estriba en que las bandejas de ofrendas y
“casas de alma” son elementos que por sí
mismos han servido como criterios de datación,
para establecer la cronología de un yacimiento
o de un conjunto de materiales. Si esto es así,
no cabe duda de que su presencia en el subsuelo del
patio de la tumba de Djehuty (TT 11) -y en el revuelto
acumulado por encima- nos sitúa claramente en
un período muy anterior a la Dinastía
XVIII, quizás la Dinastía XII. Si esto
es así, la utilización previa de este
rincón del West Bank encajaría francamente
bien con la historia conocida de la necrópolis
Tebana, y de Dra Abu el-Naga en particular. Además,
se integrara perfectamente con la aparición también
en el subsuelo del patio de la TT 11, como dijimos más
arriba, de un enterramiento en ataúd de madera,
asimismo del Reino Medio y relativamente próximo
a la bandeja de ofrendas con que iniciábamos
este estudio.
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No quisiéramos terminar sin ofrecer
unas breves notas sobre estos hallazgos en tanto que documentos
de valor histórico, como reflejo en definitiva de determinadas
prácticas y creencias funerarias, ya que estas piezas
fueron concebidas y elaboradas para cumplir una función
concreta dentro del contexto de la necrópolis, formando
parte del ajuar que acompañaba a las inhumaciones. |
Hoy día quedan ya algo obsoletas
las interpretaciones que hacían de los modelos
más elaborados de este tipo de objetos auténticas
“habitaciones” o lugares para que el difunto
pudiera residir, de donde se acuñó la
fórmula “casa del alma” (Petrie),
que aún se sigue empleando. Su función
concreta ha de ponerse en relación más
bien con las ofrendas y el necesario suministro de alimentos
para el difunto. Así, bandejas como la que hemos
hallado en el subsuelo del patio de la TT 11 tendrían
su origen en la necesidad de encontrar un sustituto
barato, tanto por el material como por la factura, para
las mesas de ofrendas pétreas del Reino Antiguo.
Por otra parte, el fragmento de modelo o maqueta que
apareció en la campaña del 2006 representa
un paso más en esta línea: lo que se pretende
figurar, o sustituir mágicamente, no son sólo
las ofrendas, sino también la capilla o el nicho
a través del cual el difunto accedería
a esos alimentos. De esta forma, nuestro objeto, en
su modestia, se conforma con dos elementos: 1) Por un
lado ese espacio de comunicación con el muerto,
la capilla, nicho o, en los modelos más evolucionados,
un edificio complejo que sorprendentemente cada vez
toma más elementos de las viviendas propiamente
dichas y menos de la tumba. 2) Por otro lado el espacio
a cielo abierto que se abre ante ella, en definitiva
el patio, en el aparecen la mesa de ofrendas y los alimentos
que se deben al difunto y que se solían ofrecer
sobre ella. |
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Además de eso, nuestras dos piezas (como todas las
de su categoría) están expresamente elaboradas
para recibir las libaciones rituales, que rezumarían
por el desagüe, un elemento que casi nunca se olvida
y que a menudo está claramente resaltado por la complejidad
de los surcos que aparecen sobre la superficie de estas bandejas
y modelos. El líquido ritual empleado sería
predominantemente el agua, de acuerdo con los usos y tradiciones
funerarios, que se mantienen a lo largo de toda la historia
egipcia. Esta es la razón fundamental de la frecuente
aparición de vasos-hes representados, junto con las
ofrendas, en la superficie de estas piezas, sobre todo en
las piezas más antiguas (Petrie). Según las
bien conocidas concepciones mágico-religiosa de los
egipcios, el agua vertida sobre estas bandejas o maquetas
asumiría la esencia vital, la energía y calidad
de los alimentos y ofrendas allí representados. Después,
rezumando por los surcos de desagüe, sería absorbida
por la tierra, entendiéndose que así llegaba
y era aprovechada por el difunto.
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De acuerdo con esto, es muy significativo que tanto
las bandejas de ofrendas como los modelos o maquetas,
cuando aparecen in situ, se encuentran depositados en
la superficie, justo por encima del enterramiento al
que sirven o para el que cumplen su función.
Y en este sentido, es interesante destacar que también
en esta última campaña del proyecto Djehuty,
cerca donde salió la bandeja de ofrendas, apareció
una cerámica en forma de vaso-hes, un poco por
encima del ataúd mencionado más arriba,
y que es muy posible que dicha cerámica pertenezca
al contexto de este enterramiento. Ya Petrie señalaba
lo frecuente que es encontrar cerámicas de esta
forma asociadas a las bandejas y maquetas. Podría
pensarse que en el patio de la TT 11 tengamos un caso
similar, y que la bandeja, como el vaso-hes y el ataúd
habrían formado parte de un mismo conjunto funerario,
pero con los datos que actualmente tenemos no es posible
decirlo con certeza, y quizás la excavación
final del subsuelo del patio de Djehuty despeje estas
y otras incógnitas.
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Conviene resaltar que todos estos elementos, incluido el ataúd,
nos sitúan claramente en un nivel social y económico
modesto. Y quizás ahí radique su mayor interés,
pues ya desde un principio las bandejas de ofrendas y maquetas-casas
del alma se pusieron justamente en relación con la
difusión de determinadas creencias de ultratumba y
de prácticas funerarias hacia los niveles medios y
bajos de la sociedad faraónica, en un ámbito
temporal que arranca desde finales del Reino Antiguo y alcanza
su culminación en el Reino Medio. En palabras de Niwinsky,
“las casas del alma y las bandejas de ofrendas nacieron
en el cuadro ideológico de la religión osiriana...
Su aparición tuvo lugar en el momento en el que la
evolución de las creencias, desde el fin del Reino
Antiguo, hacia una democratización mas grande alcanzo
las capas más pobre de las sociedad, lo que tuvo lugar
a comienzos de la Dinastía XII...”. Pese a que
la definición de este proceso todavía está
lejos de quedar bien aclarada y definida, y aunque la expresión
“democratización” (con un sorprendente
gran arraigo entre los egiptólogos aun hoy día)
nos parece francamente desacertada, está claro que
se trata de un importante episodio en la historia de la religión
egipcia en su vertiente funeraria. Hallazgos como estos que
acabamos de comentar del patio de la TT 11 encajan bien en
ese proceso, y quizás puedan ayudar a comprenderlo
mejor, al menos en el contexto concreto de la necrópolis
tebana.
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BIBLIOGRAFÍA |
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