Proyecto Djehuty

Contexto geográfico

El Valle de los Reyes

El término "Valle de los Reyes" fue acuñado por Champollion para denominar a esta necrópolis de los faraones tebanos del Reino Nuevo. Los árabes la denominaban Biban el-Moluk, "las puertas de los reyes", debido a que en las paredes rocosas del valle se abren las entradas de varias tumbas. Los antiguos egipcios la denominaban de muy diversas maneras: "El Gran Lugar" (ta set aat), "El Valle" (ta inet), "La Hermosa Escalera del Occidente", aunque su nombre oficial era "La Grande y Augusta Necrópolis de los Millones de Años del Faraón, Vida-Fuerza-Salud, en el Occidente de Tebas".

Hoy en día se accede al valle por una carretera ancha y asfaltada que sigue el antiguo camino que se usaba en época faraónica y que recibía el nombre de "el camino donde se pone Re".

El Valle de los Reyes El Valle de los Reyes.

El Valle de los Reyes constituye una profunda erosión de varios kilómetros en la piedra caliza de la cordillera libia. La dirección de este wadi es de norte a este y se halla dividido en dos ramas:

  • la rama oeste, o "Valle Occidental", alberga cuatro tumbas, dos de las cuales son reales y pertenecen a Amenhotep III (WV22) y Ay (WV23).
  • la rama principal, o "Valle Oriental", es la que se llama propiamente "Valle de los Reyes" ya que alberga la mayoría de las tumbas reales. Se encuentra en la extensión de la carretera de acceso.

La Cima Tebana, a la que los nativos llaman el-Qurn, "el Cuerno", debido a su forma piramidal, se alza en el corazón del Valle. Los antiguos egipcios la identificaban con la diosa Meretseger, "La que Ama el Silencio", recibiendo veneración como divinidad principal de la necrópolis. Probablemente la presencia de tal elemento geomorfológico, que recuerda a las pirámides reales del Reino Antiguo, fue lo que impulsó a los primeros faraones de la dinastía XVIII a escoger este lugar en el desierto abrasador para levantar en él sus moradas eternas. Pero a este motivo religioso-ritual, hay que sumar otro más práctico: el acceso a este valle resultaba difícil debido a su posición y a su conformación geográfica; lo cual facilitaba a su vez la labor de supervisión de los Medjay, la policía de la necrópolis.

Los Moradores del Valle

Es difícil averiguar quién fue el primer rey que se hizo enterrar en el valle. Parece ser que fue Tutmosis I, cuya tumba es la KV38, aunque es posible que esta tumba se preparara en tiempos de Tutmosis III pues los objetos aparecidos en ella datan de la época de este rey.

Una de las tumbas más antiguas es el impresionante hipogeo que la reina Hatshepsut hizo construir para ella y su padre, Tutmosis I (KV20). Sin embargo, cabe la posibilidad de que la tumba fuera construida originalmente para Tutmosis I y que posteriormente Hatshepsut ampliara el proyecto original para así poder reposar junto a su padre. En definitiva, se puede decir que con Hatshepsut y Tutmosis III el Valle de los Reyes se convirtió en la necrópolis real por excelencia hasta la dinastía XX, siendo Ramsés IX el último faraón allí enterrado.

Las tumbas reales, pese a su supuesta ubicación estratégica, oculta por las colinas, y la vigilancia de los Medjay, comenzaron muy pronto a ser objeto de robos y saqueos. La situación se hizo crónica a partir del período de inestabilidad política y social que se produjo tras la muerte de Ramsés III, siendo los saqueos cada vez más frecuentes. Por los papiros que hacen referencia al robo de tumbas en la dinastía XX, como el Papiro Mayer B, el Papiro Salt 124 o el Papiro Abbott; se sabe que ya en aquel tiempo se habían violado muchas tumbas reales y privadas. En la dinastía XXI, los sacerdotes trasladaron las momias reales a lugares más seguros y mejor disimulados (como Deir el-Bahari) con el fin de evitar la profanación.

Del silencio al redescubrimiento

El valle dejó de emplearse como necrópolis real a partir de la dinastía XXI. EL silencio reinó en él durante muchos siglos hasta que llegaron los "primeros turistas" en la época ptolemaica. El historiador Diodoro de Sicilia, que estuvo en Egipto en el año 57 a.C., escribió: "Dicen que éstas son las tumbas de los reyes antiguos; son magníficas y no dejan a la posteridad la posibilidad de crear algo más hermoso". Los antiguos turistas dejaron constancia de su visita con graffiti en las paredes de las tumbas. El más antiguo grafito en el Valle de los Reyes apareció en la tumba de Ramsés VII y data entorno al 278 a.C.

El silencio volvió a cubrir el valle hasta que el jesuita Claude Sicard, que estuvo en Egipto entre 1708 y 1712, identificó el emplazamiento de la antigua Tebas y redescubrió las tumbas del Valle de los Reyes.

En 1734, el clérigo inglés Richard Pococke visitó el valle y trazó el primer plano del mismo, en el cual aparecían 18 tumbas, sólo la mitad de las que eran accesibles.

Posteriormente, el escocés James Bruce exploró la tumba de Ramsés III en 1769, y los eruditos que siguieron la expedición de Napoleón en 1798 descubrieron la tumba de Amenhotep III (WV 22) en el Valle Occidental y llevaron a cabo la primera inspección científica del lugar.

En 1817, Giovanni Battista Belzoni descubrió las tumbas de Ramsés I (KV16), Seti I (KV17) y Ay (WV23).

En 1820, el inglés James Burton descubrió otras dos tumbas sin inscripciones y una tercera (KV 5) que atribuyó al príncipe Meriatón, un hijo de Ramses II.

Entre 1824 y 1830, John Gardiner Wilkinson trabajó en el Valle de los Reyes, identificando nuevas tumbas y dándoles, por primera vez, una numeración que sigue empleándose hoy en día.

Entre 1828 y 1850, el valle fue el objetivo de científicos, viajeros y artistas como Jean François Champollion, Hipólito Rosellini, Robert Hay y Richard Lepsius, aunque no se registraron nuevos descubrimientos.

En 1898, Víctor Loret dio con las tumbas de Tutmosis III (KV 34) y Amenhotep II (KV 35), y en 1899 descubrió la de Tutmosis I (KV 38).

En 1903, Howard Carter descubrió la tumba de Tutmosis IV (KV 43) y, en 1905, Theodore Davis encontró la tumba intacta de Yuya y Tuya (KV 46), los padres de la reina Tiye, esposa de Amnenhotep III. En aquel mismo período, Edward Ayrton descubrió la tumbas de Siptah (KV 47) y de Horemheb (KV 57), el último gobernante de la dinastía XVIII.

En 1922, Carter descubrió la última tumba real del valle, la única sepultura que había permanecido prácticamente intacta: la tumba de Tutankhamon (KV 62).

Cronológicamente, el último descubrimiento tuvo lugar en febrero de 1995, cuando Ken Weeks encontró una serie de cámaras nuevas en la tumba situada enfrente de la tumba de Ramsés II (KV 5), destinadas a los hijos de éste.

Arquitectura de las tumbas reales

En general, las plantas de las tumbas reales del Valle de los Reyes consisten en una serie de escaleras, corredores y cámaras, separadas unas de otras por jambajes, que descienden hacia las profundidades. Sin embargo, la complejidad de las plantas y la propia fisonomía de cada tumba determinan la individualidad de estas construcciones.

Desde el punto de vista arquitectónico, las tumbas de la dinastía XVIII se caracterizan por un corredor descendente que forma generalmente una curva de 90º antes de llegar a la cámara del sarcófago. En las tumbas de la dinastía XIX, dicho corredor desciende en progresión lineal siguiendo el eje principal. Esta tendencia resulta aún más evidente en las tumbas de la dinastía XX, donde la estructura de la tumba parece conformar el marco perfecto para plasmar la esencia de las creencias religiosas del momento reproduciendo el escenario del periplo del astro solar por el Inframundo.

El programa decorativo de las tumbas está muy relacionado con la orientación geográfica y ritual de éstas. La decoración de las paredes nunca reflejan aspectos de la vida cotidiana o históricos-biográficos. Las escenas están relacionadas exclusivamente con dioses y con las misteriosas regiones del Inframundo. El estilo de las decoraciones varía, y va desde las imitaciones del papiro original hasta bajorrelieves pintados de gran calidad. Los textos dibujados en las paredes proceden de los corpora funerarios del momento:

  • El Libro del Am-duat, o "aquello que está en el Inframundo", describe el viaje nocturno del dios solar en su barca a través de las doce regiones del Inframundo, que se corresponden con las doce horas de la noche, detallando los peligros que encuentra a su paso. Se encuentra en casi todas las tumbas reales del reino Nuevo.
  • El Libro las Puertas es una versión más elaborada del Am-Duat. Aparece por primera vez en la tumba de Horemheb, convirtiéndose a partir de entonces en un elemento regular en las tumbas reales. El nombre de esta composición deriva de las puertas que separan las doce regiones del Inframundo, cada una de ellas vigiladas por una gigantesca serpiente que escupe fuego.
  • El Libro de las Cavernas comienza a utilizarse a partir de la dinastía XIX. Esta composición abandona la división del Inframundo en doce regiones y la presenta como una serie de cuevas de aspecto oval que contienen los cuerpos de dioses y del difunto, que yacen esperando el paso del sol para que los devuelva a la vida.
  • El Libro de la Tierra aparece por primera vez en la tumba de Ramsés III, convirtiéndose en un elemento regular de la cámara funeraria a partir de Ramsés VI. De nuevo se describe el viaje del dios solar a través del Inframundo que, en vez de estar formado por doce regiones, se divide en cuatro secciones. El momento culminante coincide con el alzamiento del disco solar por los brazos del Nun fuera de la Tierra.
  • A partir de Seti I en adelante, el techo de la cámara funeraria real se decora con escenas que representaban el paso del sol a través del cielo. La forma más simple de esta composición astronómica representa a la diosa del cielo, Nut, que se traga al sol al final del día para parirlo de nuevo a comienzos del siguiente. A partir de Ramsés IV, esta composición es remplazada por una descripción más formal del periplo del dios solar, conocida como Libro de los Cielos. - Por último, cabe destacar un tipo diferente de texto que aparece en casi todas las tumbas reales a partir de Seti I: la Letanía de Ra. Se trata de un extenso himno al dios solar en sus setenta y cinco diferentes formas, y se localiza frecuentemente en el primer corredor de la tumba, es decir, en el lugar más cercano a la luz solar.