Ha llegado el día
de cerrar la excavación. Se terminó la octava campaña.
Todos estamos cansados, pero ahora nos embarga una cierta tristeza y
nostalgia. Estas seis semanas han pasado volando, y ahora que toca redactar
(a toda prisa y hasta las tantas de la noche) el informe preliminar
para el Servicio de Antigüedades nos damos cuenta de todo lo que
hemos hecho, de todo lo que ha ocurrido: la restauración de la
Dama Blanca, la restauración del ataúd de Iqer, el comienzo
de la restauración de las paredes de la capilla de Djehuty, el
montaje del juego del senet, la excavación de la tumba de la
dinastía XI en el patio de Djehuty, la excavación de su
cámara funeraria, la excavación de la sala transversal
de la tumba –399–... trabajos de epigrafía, cerámica,
huesos, etc.
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Cerramos las tumbas sobre la una de la tarde, candamos las cancelas
de hierro, se colocó el sello del Servicio de Antigüedades
y se tapiaron con piedras y cemento. El mudir fue al “taftish”
a entregar al jefe del West Bank el informe preliminar y luego nos
reunimos todos sobre las tres de la tarde en la cafetería junto
al Rameseum. Además de los del equipo español, el rais
Alí y Hekmat, se unieron seis de los trabajadores más
próximos a nosotros, Kamal, Salem, Yuma, Sayed, Nadjar y Taalat.
Como en las despedidas emotivas, se mezclaron risas y alegrías
con tristezas.
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Para el año que viene todavía nos quedan
por excavar dos pozos en la tumba de Djehuty. Tenemos también que
solucionar el problema de la caída de escombros dentro de la tumba
de Hery para, después, poder excavar su cámara más
interna. Y ahora que está limpio el territorio que hemos ganado
hacia el suroeste, podremos comenzar a excavar al otro lado del muro del
patio de Djehuty. Prepararemos un plano con las zonas de actuación
y listas de tareas para cada uno, pero sin duda surgirán sorpresas.
Y eso es lo bonito de la arqueología (y de otras muchas cosas),
el factor sorpresa, lo imprevisible. ¡Os esperamos el año
que viene! |