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13/1/2009 |
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Ayer nos acabamos acostando tarde, montando y arreglando los cuartos, preparando la ropa y el material, y sabiendo que hoy nos podríamos levantar algo más tarde de lo normal, pues hoy tocaba enfrentarse con la burocracia y los despachos no empiezan a funcionar hasta las 10 de la mañana. Desayunamos en el patio a las 8, disfrutando de una mañana muy apacible, hasta algo calurosa. El rais Alí pasó a recoger al mudir y juntos cruzaron el río para llegar hasta el despacho del jefe del Servicio de Antigüedades en Luxor, Mohamed Asm. Allí descubrimos que el inspector que ayer nos habían asignado en El Cairo, una mujer, ya estaba trabajando con otra misión arqueológica, lo que suponía un importante frenazo a la tramitación de los permisos. |
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Para solucionar el problema tuvimos
que cruzar de regreso el Nilo y dirigirnos al “taftish”,
a la oficina de Antigüedades del West Bank. Como no estaba su director,
fue el segundo de abordo quien tuvo que hacer las llamadas a El Cairo
para buscarnos un nuevo inspector. Tras un par de horas de espera, por
fin nos comunicaron el nombre del nuevo inspector, Hekmat El-arabi Mahmoud,
otra mujer, vinculada al templo de Luxor. Es la primera vez que vamos
a trabajar con una mujer como inspectora. El rais Alí trabajó
con ella hace unos años y sólo tiene buenas palabras para
ella. Es joven y de gesto amable y simpático. |
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Cuando por fin la inspectora llegó
al taftish del West Bank eran ya casi la una de la tarde y nuestras
esperanzas de abrir hoy la tumba se habían desvanecido casi por
completo. Nuestra suerte dio un vuelco y rápidamente convencimos
a un segundo inspector para que nos acompañara, conseguimos las
llaves, y nos marchamos volando en coche hacia Dra Abu el-Naga. Por
el camino recogimos al resto del grupo y a un par de trabajadores, y
en cinco minutos estábamos frente a la tumba de Djehuty. |
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En este año que ha transcurrido
desde la pasada campaña han demolido más casas de la montaña
tebana y, particularmente, de la mitad sur de la colina de Dra Abu el-Naga.
Nuestro yacimiento apenas ha sufrido el paso del tiempo, apenas tiene
basura (el no tener ya el poblado como vecino no cabe duda de que influye
mucho). Rompimos el sello y abrimos el candado de la cancela de hierro
en presencia de los dos inspectores y del jefe de los guardas (“gafires”)
de la zona. Entramos uno de tras de otro, iluminados por linternas,
para comprobar que dentro todo seguía como lo habíamos
dejado. Mientras se redactaba el informe de la apertura oficial de la
campaña, tuvimos ocasión de pasear las luces por las paredes
de las tumbas y acariciar y dar vida a las figuras en relieve que las
decoran. |
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