Mapa Web Portada E-mail

27/1/2008

Hoy hemos acabado el trabajo sobre la fachada de Djehuty. Si bien por la parte de detrás de la superestructura que coronaba la entrada a la tumba se conserva gran parte de la mampostería original, por la parte de delante no queda apenas nada, pues al levantarse el muro de adobe en 1910 se debió acabar con los pocos restos que podrían haber quedado.

Un grupo de trabajadores se desplazó entonces al patio de entrada a una tumba rehundida justo delante la tumba de Hery. La entrada a la tumba, en el muro este del patio, la descubrimos hace un par de años y, después de echar un rápido vistazo a su interior, tapiamos su entrada. Delante de la entrada, en medio del patio, quedaba a la vista lo que parecía ser un pozo funerario, tallado en la roca del suelo y con un hueco de 2,10 x 1,20 metros, es decir, las dimensiones típicas de los pozos y de los ataúdes. Al comenzar a excavar, cuando habíamos descendido medio metro, descubrimos unos escalones. El pozo no era tal, o al menos había acabado siendo el acceso a otra tumba que se abría en el lado sur del patio. Las dos tumbas del patio rehundido se comunican por dentro y están llenas de lascas de caliza casi hasta el techo. La segunda tumba, además, llega a tocar uno de los pozos que excavamos en el exterior en el año 2006.


     

Hoy era el último día de Sole y Sergio en el yacimiento, así que han estado tomando datos para terminar los trabajos pendientes sobre las condiciones medioambientales del interior de las tumbas, sobre el estado de la piedra y los sucesivos agentes que han actuado sobre ella, agua, viento y fuego. En el pasillo de la tumba de Djehuty, por ejemplo, el agua que corrió a lo largo en diferentes ocasiones provocó que las sales afloraran a la superficie y cristalizaran. El agua había entrado fácilmente a través de dos agujeros que se debieron abrir en el techo de la tumba no muchos años después de ser enterrado Djehuty. Los agujeros también provocaron que se generaran fuertes corrientes de aire que fueron arrancando las sales de la superficie de la piedra en aquellas zonas más expuestas al viento, sobre todo en la zona central del pasillo. Como consecuencia, las paredes parecen abrasadas en estas zonas, las escenas en relieve e inscripciones se han difuminado y sólo pueden percibirse con una fuerte luz lateral.


     

A media mañana volvimos al almacén para trasladar a la Dama Blanca a una nueva caja que la hemos encargado a medida. Para restaurar el ataúd era necesario sacarla y, ya puestos, la depositamos en una bien acolchada y aislada. Parecíamos tres sacerdotes de Amón de la dinastía XXI reubicando las momias de la familia real en nuevas cajas e inscribiendo en la tapa “etiquetas” con el nombre del propietario y la fecha del realojo. Esperemos que todo redunde en beneficio de la Dama.