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| 27/1/2008 |
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| Hoy hemos acabado el trabajo sobre la fachada de Djehuty. Si bien
por la parte de detrás de la superestructura que coronaba la
entrada a la tumba se conserva gran parte de la mampostería
original, por la parte de delante no queda apenas nada, pues al levantarse
el muro de adobe en 1910 se debió acabar con los pocos restos
que podrían haber quedado. |
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Hoy era el último día
de Sole y Sergio en el yacimiento, así que han estado tomando
datos para terminar los trabajos pendientes sobre las condiciones medioambientales
del interior de las tumbas, sobre el estado de la piedra y los sucesivos
agentes que han actuado sobre ella, agua, viento y fuego. En el pasillo
de la tumba de Djehuty, por ejemplo, el agua que corrió a lo
largo en diferentes ocasiones provocó que las sales afloraran
a la superficie y cristalizaran. El agua había entrado fácilmente
a través de dos agujeros que se debieron abrir en el techo de
la tumba no muchos años después de ser enterrado Djehuty.
Los agujeros también provocaron que se generaran fuertes corrientes
de aire que fueron arrancando las sales de la superficie de la piedra
en aquellas zonas más expuestas al viento, sobre todo en la zona
central del pasillo. Como consecuencia, las paredes parecen abrasadas
en estas zonas, las escenas en relieve e inscripciones se han difuminado
y sólo pueden percibirse con una fuerte luz lateral. |
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| A media mañana volvimos al almacén para trasladar a la Dama Blanca a una nueva caja que la hemos encargado a medida. Para restaurar el ataúd era necesario sacarla y, ya puestos, la depositamos en una bien acolchada y aislada. Parecíamos tres sacerdotes de Amón de la dinastía XXI reubicando las momias de la familia real en nuevas cajas e inscribiendo en la tapa “etiquetas” con el nombre del propietario y la fecha del realojo. Esperemos que todo redunde en beneficio de la Dama. |
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