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| 14/1/2008 |
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| Después de un relajado desayuno al fresco, en el patio del Marsam, comenzamos los papeleos en la oficina del Servicio de Antigüedades de la orilla oeste de Luxor a las nueve. Entre fotocopias de pasaportes y permisos, firmas y un largo etcétera, interrumpido por un nutritivo almuerzo de foul (judías) y falafel, acabamos las gestiones al medio día. Abrimos las tumbas sobre las 12, inspeccionamos que todo estuviera en orden y firmamos en el libro de registro de los guardias. Todo estaba más limpio de lo esperado, tal vez por el hecho de no haber ya casas modernas cerca. |
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Lo primero fue montar las jaimas, donde trabajarán los restauradores y se montará el estudio de cerámica y de los restos vegetales hallados en la campaña pasada. Montarlas tiene su complicación y este año pareció complicarse todo un poco más. Mientras tanto, se llevó luz eléctrica al interior de la tumba y se organizaron las herramientas y utensilios de trabajo. La jornada se extendió más de lo habitual y acabamos a las cuatro y media, pero conseguimos dejar todo montado y listo para comenzar a trabajar mañana sin más preámbulos. |
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| Por la tarde, retomamos la costumbre de trabajar en la “suite Harwa”, cada uno en sus temas. El día había sido intenso y al final estábamos todos agotados. Mañana llegará temprano el arqueobotánico Ahmed Fahmy. Sin duda será un día excitante. |
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