A primera hora de la mañana comenzamos a excavar el pozo que descubrimos ayer, justo a la entrada de la tumba de Hery. El relleno estaba formado por las mismas pequeñas lascas de piedra que salieron cuando se cavó el pozo, y parecía que no se había tocado desde entonces. Esto nos hizo albergar grandes esperanzas y el rais Ali estaba realmente impaciente. A cuarenta centímetros de profundidad Taalat sacó un gran cuenco de cerámica, probablemente empleado para algún tipo de trabajo relacionado con la construcción. Las expectativas aumentaban. Pero, veinte centímetros más abajo, alcanzamos roca. Nuestro gozo en un pozo. Lo curioso es que el agujero tiene las dimensiones idóneas para depositar un ataud: 2,15 (largo) x 1,00 (ancho) x 0,65 (alto). Por ahora es difícil hallar una explicación a la ubicación de un agujero como este delante de la entrada a la tumba.
José Miguel sigue profundizando en el patio de la tumba de arriba, la de Nebamón y/o Baki, y siguen apareciendo fragmentos de inscripción de las jambas de entrada. Un poco más lejos, en el sector que ahora supervisa Marga, están saliendo a la luz, a un nivel muy superficial, fragmentos de barro con mortero pintado. A pesar de su tamaño reducido, se puede apreciar que la calidad de la pintura es excelente.
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