En el descanso de media mañana, hemos ido a visitar la tumba de Amenofis III en el llamado “Valle de los monos”, junto al Valle de los Reyes. La tumba está siendo restaurada por un equipo japonés, de la Universidad de Waseda, y dos restauradores italianos contratados por la UNESCO. La tumba es una auténtica maravilla, con las paredes pintadas en azul, como la de Horemheb, y las figuras conservando unos detalles preciosos en los trajes, en las coronas y tocados, en las inscripciones.
A la entrada, Akiko Nishisaka nos informó sobre algunos de los hallazgos que habían realizado en el exterior: un pequeño pozo de fundación y varios ostraca con textos hieráticos. En el interior, Giorgio Capriotti nos explicó cómo habían procedido en la limpieza de las paredes, descubriendo la pintura debajo de una capa de güano de murciélago.
En la tumba de Amenofis III, Luis me ha mostrado cómo, efectivamente, los artistas no aplican un color plano y uniforme, a los fondos y a los elementos decorativos que enmarcan las escenas, sino que buscan darle a éstos una apariencia de piedra valiosa, veteada. Además de servir de apoyo a la observación que una hora antes Luis había hecho en la tumba de Djehuty, la pintura de la tumba de Amenofis III indirectamente refleja que la decoración en relieve era considerada de mayor calidad que la pintura, puesto que la pintura imita al relieve en piedra. Esto hace que la tumba de Djehuty y la de Hery, decoradas ambas en relieve, deban ser consideradas de gran valor.
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