A pesar del terrible tráfico de Madrid esta mañana,
todavía peor que de costumbre, que ya es decir, todos conseguimos
estar a la nueve y media en el despacho de José Manuel Galán, en el
CSIC (detrás del Hotel Palace). José Lull desde Gandía (Valencia) y
Carlos Cabrera y Juan Ivars desde Benissa (Alicante) habían llegado
a Madrid el domingo por la tarde. Margarita Conde cogió temprano el
AVE en Sevilla y Andrés Espinel se arriesgó en autobús desde
Salamanca también el mismo lunes.
Parecía estar todo listo.
Alicia Torija, Gemma Menéndez, Montse Cruz y Ana de Diego se habían
ocupado de realizar la mayoría de las compras y embalarlas. Desde
bolsitas de plástico y botecitos para guardar muestras, hasta
líquidos de restauración y material de dibujo arqueológico, pasando
por un aspirador (¡para la tumba!). El material fotográfico fue casi
lo más caro, pero es de vital importancia. Hay que decir que Antonio
Morales, genio y figura de la primera campaña “Djehuty” y que desde
mediados de agosto se encuentra en Filadelfia realizando el
doctorado en egiptología en la Universidad de Pennsilvania, pasó por
el despacho el siete de enero y, tras contarnos sus aventuras y
desventuras al otro lado del charco, acabó ayudando a empaquetar y
organizar el material arqueológico. Le echaremos mucho de menos en
esta campaña, y no sólo por sus chistes y buen humor, sino también
por sus conocimientos y gran capacidad de trabajo.
La salida
hacia el aereopuerto se retrasó por la visita de un equipo de
televisión de TeleMadrid. Lo que iba a ser simplemente una filmación
de cinco minutos cargando los bultos en la camioneta, acabó siendo
casi un reportaje de una hora. Esperamos que haya compensado los
nervios que algunos pasamos viendo como se nos echaba el tiempo
encima.
El equipaje sumaba 35 bultos y pesó un total de 725
kilos. La compañía Egyptair tuvo la gentileza de dejarnos 300 kilos
de sobrepeso gratis, pero, a pesar de que eramos diez los que
viajabamos y que el avión iba casi vacío, nos cobraron 100 kilos, lo
que supuso un gasto importante de última hora. ¡Maalesh! (= ¡se
siente!).
El viaje fue tranquilo y cómodo. Llegamos a Luxor
a la hora prevista, las nueve de la noche. Tardamos una hora en
pasar la inspección de aduana, un tanto sui generis, y otra hora en
llegar a nuestra “casa rural” en el West Bank, pues en coche hay que
dar un buen rodeo para cruzar el Nilo por el puente.
Ali y
Ala Farouk estaban esperándonos a la salida del aereopuerto. Fue un
feliz reencuentro. Emotivo. Los colosos de Memnon esperaron
iluminados nuestro paso. Al llegar al Marsam, Natasha salió a
nuestro encuentro tan acogedora como siempre. A eso de las doce nos
sirvieron una cena ligera en la maravillosa terraza del Marsam. Nos
permitimos un chupito de whisky con el té antes de irnos a nuestras
habitaciones a deshacer las maletas. Ya estamos aquí. |
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| En Barajas... |
Rumbo a Luxor. |
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| Peleando con los
carritos del equipaje. |
Cargando los bultos. |
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