| Amanecimos a las ocho de la
mañana, a pesar de que nos acostamos a las tres. Con los nervios
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y las ilusiones rondando nuestros sueños, no
podíamos quedarnos más tiempo en la cama. Al salir de la habitación
quedamos deslumbrados con el maravilloso patio abierto a los campos
de cultivo que enmarcan los Colosos de Memnon. Cuatro laureles de
indias y una fila de altísimas palmeras dan sombra a las mesas donde
se servirá el desayuno. Pan, queso fresco, huevos duros, café y té.
Sobre las diez de la mañana nos acercamos a la oficina de
los inspectores de antigüedades de la orilla oeste de Tebas. Como no
estaba Mohamed el-Bialy, nos presentamos a Ibrahim Suleiman,
inspector jefe del Valle de los Reyes, un hombre encantador, siempre
de buen humor. Tras cumplir las formalidades oportunas nos fuimos
caminando los casi cuatro kilómetros hasta el Nilo. Atravesando el
pueblo de Qurna, compramos sobre la marcha algunas de las cosas que
ibamos buscando. El ferry nos cruzó hasta a la otra orilla, y nos
adentramos en Luxor con la lista de la compra en la mano: picos,
palas, recogedores, cepillos, etc. Todo una aventura en el
“zoco”.
Al atardecer, de regreso, nos detuvimos otra vez en
Qurna en busca de un Ciber Café. ¡Increible! Por lo menos hay cinco
en el pueblo. Claro que la sorpresa fue encontrarse el teclado del
ordenador y los programas en árabe… “Mafish mushkela”, o lo que es
lo mismo, “no hay problema”.
Mandamos los primeros e-mails y
echamos un vistazo a nuestra página web. Después de una buena cena
tempranera, a las ocho y media, encendimos nuestros portátiles y nos
pusimos a trabajar con las imágenes que habíamos ido tomando y las
tomas de video. Otra vez nos dieron las tantas de la madrugada. Unos
traguitos de licor de mora suavizaron la tarea.
José Miguel y
José Manuel tampoco habían dormido mucho en su primera noche. Habían
llegado al Garden City House a las dos de la mañana. Camas duras,
habitación fría y sin baño, ¡La leche!…
Por la mañana,
directos al Servicio de Antigüedades. El suspense se mantuvo hasta
el final. Pero, una vez más, todo se arregla en Egipto con un poco
de paciencia, buenas formas y una sonrisa. Mr. Magdi nos recibe en
su despacho y nos da la buena noticia de que tenemos el permiso de
la policía y que todo está en regla. José Manuel firmó el contrato
para realizar el trabajo. Después, subieron al despacho del Dr.
Sabry, Inspector Jefe de Antigüedades todo el Alto Egipto, Y, por
último, fueron a saludar al Director del Servicio de Antigüedades.
Una larga espera que se amenizó viendo como, a la llamada del
séptimo de caballería, respondía a su teléfono móvil un padre copto,
de luengas barbas, gorro ajustado y ancha cruz colgando sobre su
negra sotana. El Dr. Gaballa nos ofreció toda su ayuda y línea
directa para cualquier problema que pudieramos
tener.
Reservaron billetes de tren para las las diez de la
noche, Nada más y nada menos que el “Business Man train, Nefertiti
Salon”. Un “koshari” para comer (como un cocido a la egipcia), un te
en el Café de los Espejos y un sugestivo paseo por Khan el-Khalili
hasta llegar a las puertas de Babilonia (fortaleza vieja de El
Cairo). Para redondear el día, una cena ligera en el Café Riche,
lugar de encuentro de intelectuales y artistas (no va por nosotros),
y al tren. |
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| El Cyber |
En el Nilo |
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| El zoco |
Ana trabajando |
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| DIBUJOS |
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| Comida egipcia |
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