Una vez más aprovechamos el viernes, día de
descanso, para madrugar. Nos levantamos a las cinco y media, y a las
seis emprendíamos camino del río en el coche de 'Starky y Huch', que
casi nos estampana un par de veces en el trayecto y, cuando por fin
se paró, quedó envuelto en una nube de humo que salía del motor. En
vez de cruzar en el ferry, tomamos una barca que nos llevó
directamente a Karnak. A esa hora de la mañana la montaña de el-Qurn
luce sus mejores colores y, según navegábamos a favor de la
corriente, rememoramos la procesión fluvial de la antigua fiesta
Opet que unía los templos de Karnak y de Luxor.
El mejor
momento para hacer fotografías y filmar en Karnak es hacia las ocho
de la mañana, cuando el sol se eleva por encima del Akh-menu y sus
rayos resaltan las inscripciones y las escenas en relieve.
Comenzamos con los Anales de Tutmosis III y seguimos con la
denominada 'cámara de las curiosidades' y con el pilono VII, los
tres relacionados con las campañas del rey en Siria-Palestina. De
Hatshepsut filmamos el obelisco que sigue en pie, su estatua colosal
delante del pilono VIII, la c‡mara que está justo detrás de los
Anales y que conserva gran parte de su policromía y la recientemente
reconstruida 'capilla roja'.
A las doce nos marchamos andando
a la Chicago House, donde estabamos invitados a almorzar. Como es
costumbre allí, el buffett era muy variado y todo estaba delicioso,
y las conversaciones fluyeron en el acogedor patio de buganbillas.
Después del café, Emily nos enseñó las instalaciones, nos describió
brevemente los trabajos epigráficos en curso y nos explicó el
funcionamiento de la biblioteca, donde nos quedamos trabajando hasta
las cuatro.
Alí nos vino a recoger a la puerta de la Chicago
House para llevarnos a la casa de su hermano Alí. Lo que
supuestamente iba a ser un té, se convirtió en una 'fantasy', como
él mismo lo llamó. A pesar de que no eran más que las cinco y media
nos sirvieron, y no pudimos negarnos, sopa de verduras con higaditos
de pollo, moluheia, que es una especie de sopa o de salsa de
espinacas, arroz con salsa de tomate y calabacines, y pollo asado
para terminar. La velada la cerramos, como no, con un té, fumando
"shisha" y con muchas risas. Alí y su familia se desviven porque nos
sintamos cómodos y cada día estamos más unidos a ellos.
A las
ocho de la noche no pudimos resistir la tentación y, en vez de tomar
directamente el ferry de vuelta a la orilla oeste, entramos al
templo de Luxor. La iluminación nocturna y la suave temperatura
invita a pasear entre sus columnas y recorrer las salas, lo que no
viene nada mal para bajar la cena o lo que fuera. Bueno, ya
descansaremos cuando estemos de vuelta, o al menos eso esperamos.
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