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... el número de la suerte. Llegamos a la entrada de la tumba a
las siete y cuarto de la mañana. Los trabajadores que el rais Ali ha
seleccionado se reparten en tres grupos: dos limpiarán a los lados
de la entrada, mientras que el tercero lo hará en la parte de
arriba. Las herramientas que compramos el día anterior resultan
perfectas, incluyendo las azadas grandes. La limpieza avanza a muy
buen ritmo gracias al ímpetu de nuestro capataz. A las diez se hace
un descanso de media hora. La zona está ya limpia de basura y de
cascotes. Incluso se han retirado un par de grandes piedras que
dificultaban la tarea de los hombres.
A las doce incluso se perfilan las líneas de los paramentos
laterales, que nos marcan por donde debemos proseguir la excavación.
Alicia ha tomado las primeras medidas de la estructura exterior del
monumento. Entre los escombros de fuera hemos encontrado una
variopinta muestra de antigüedades recientes. Las hemos guardado con
cuidado en bolsas.
Poco después entramos dentro de la tumba. Los siete miembros del
equipo recorrimos el interior examinando las inscripciones y las
escenas grabadas en las paredes. La calidad de los relieves es
magnífica, y la variedad temática es amplísima. Subimos por encima
de los escombros para obtener una primera impresión de las
dimensiones del complejo funerario. Es realmente grande, e incluye
pozos, cámaras anejas y galerías.
Subimos por encima de los escombros que se amontonan, llegando
casi hasta el techo, al fondo de la tumba de Djehuty. Nuestra
sorpresa fue descubrir que el santuario tiene unas dimensiones
mayores que las que suponíamos (ver mapa en la sección sobre La
Tumba).
Pero eso no es todo. Además, las paredes laterales conservan
inscripciones hasta el techo. Tanto los jeroglíficos como las
escenas que se pueden ver parcialmente son de una calidad fuera de
lo común, conservando parte de su clo común, conservando parte de su
color. Todos estamos sobrecogidos. No hay palabras. |